Donald Trump y la oportunidad de un pensamiento estratégico

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Mapa de integración norteamericana, del fascinante libro Connectography, de Parag Khana.

 

La victoria –e inminente llegada- de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos ha caído como un balde de agua fría para muchos analistas de política internacional, quienes no logran explicar(se) todavía los factores que determinaron el resultado de la más controversial elección presidencia de aquel país en décadas.

Para el caso mexicano, sobra decir que las consecuencias previsibles de la Presidencia Trump se antojan, por decir lo menos, sumamente complejas pues representan un reto monumental que demandará del ejercicio de una política internacional asertiva, inteligente y con visión de largo plazo.

Sin embargo, hasta ahora los analistas se han centrado en los efectos a corto plazo que traería el resultado de esta elección –lo que es entendible dado lo “inesperado” del suceso- pero han dejado de lado los cuestionamientos más estratégicos que deberían recibir una atención profunda y minuciosa.

De pronto el calor del debate político no nos permite ver más allá de la coyuntura, algo similar al concepto de la “niebla de la guerra” de la que tanto hablara Clausewitz en el siglo XIX. Parafraseando –y adaptándonos- al teórico y militar prusiano,  se trata de la conjugación de factores inesperados con variables cambiantes y evolutivas las que nublan nuestra visión sobre el escenario estratégico que se avecina.

En ese sentido, me temo que algunas de las preguntas estratégicas que debiésemos estar planteándonos son:

¿Cuáles serían los efectos de una Presidencia Trump en la consecución de los intereses y objetivos nacionales mexicanos? ¿cómo impactaría una hipotética política internacional americana de corte conservador y aislacionista en la relación entre México y EEUU? ¿cómo abordaría México los enormes retos en seguridad y defensa que son evolutivos, adaptativos y complejos, y que no pueden afrontarse de manera unilateral? ¿Qué efectos sufrirá el proceso de integración de América del Norte, un ejercicio geopolítico que busca convertir a la región en una plataforma político-económica competitiva frente al escenario global?

De todas las preguntas anteriores, quizás la más difícil de responder tiene que ver con el impacto de la Administración Trump en los intereses y objetivos nacionales mexicanos, por la razón de que nuestro país, en primera instancia, carece de una “Gran Estrategia” que clarifique –o al menos vislumbre- la dirección de los diversos instrumentos del Estado de cara al futuro.

Si consideramos que la Gran Estrategia es, en términos resumidos, el proceso de articulación del poder nacional para la consecución de los objetivos nacionales, quizás la llegada de Trump a la Casa Blanca sirva como acicate para que México comience, de una vez por todas, a plantearse con seriedad cuál es el futuro al que aspira y cómo piensa articular sus diversos elementos de poder estatal para conseguirlo.

De hecho, la planteamiento de esta Gran Estrategia Mexicana ya se ha abordado con cierta profundidad por teóricos estadounidenses –como George Friedman, que retoma el pensamiento de Robert D. Kaplan– quienes han argumentado que México busca, en el muy largo plazo, la recuperación del territorio perdido en el siglo XIX e incluso contenderle a EEUU su hegemonía regional.

Nada más ridículo y alejado de la realidad, pero lo cierto es que en nuestro país todavía no se ha desarrollado un debate teórico y político que permita definir una Gran Estrategia inteligente, realista y asequible.

Soy de la idea de que uno de los grandes objetivos nacionales mexicanos es la integración de América del Norte en un bloque político y económico fuerte, uno que permita a nuestros tres países enfrentar los enormes retos compartidos del siglo XXI: competitividad y desarrollo económico, seguridad y defensa regional, integración energética, migración, entre otros.

Por lo anterior, la Gran Estrategia mexicana debería apuntar, así lo creo, a la construcción de ese bloque norteamericano, enfocando los diversos elementos del poder nacional hacia ello.

Insisto en que la llegada de Trump a la Presidencia de EEUU puede servir de pretexto para comenzar en nuestro país un debate serio en la materia, uno que requiere de inteligencia y liderazgo desde el poder político, y apertura y prospectiva de académicos y especialistas.

Dejemos pues que la niebla se disipe o, mejor aún, comencemos a imaginar  -¿diseñar?- un futuro estratégico más allá de la incertidumbre.

La oportunidad histórica está ahí, y la llegada de Trump bien pudiera tener ese efecto positivo.

Pd. Para una revisión más profunda de la evolución del concepto de Gran Estrategia, recomendamos “The Evolution of Grand Strategic Thought”, de Lukas Milevski.

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Persepectiva sistémica de la violencia en el siglo XXI: comentando a David Kilkullen

El término insurgencia y, por ende, el de contrainsurgencia, son elementos profundamente complejos dentro del estudio más amplio del conflicto.

Si bien la naturaleza del conflicto, o la “guerra”, sigue siendo la de un enfrentamiento violento entre dos o más fuerzas beligerantes para imponer al contrario condiciones políticas, económicas, territoriales o sociales, lo cierto es que los medios para alcanzar esos objetivos estratégicos varían y van más allá de las concepciones tradicionales.

La insurgencia es, de tal suerte, un tipo de conflicto irregular en el entendido de que su naturaleza conlleva el uso de métodos de guerra cambiantes, adaptativos y evolutivos.

Dichas características hacen del análisis de las insurgencias una disciplina sumamente exigente, pues obliga al investigador a ser igualmente adaptativo, innovador y a la vez fiel a los principios básicos del estudio del conflicto.

En este sentido, el trabajo de David Kilkullen, Out of the Mountains: the coming age of urban guerrilla, ofrece precisamente eso: un análisis de las insurgencias modernas, a la luz de tendencias sociales, económicas y políticas que marcarán el siglo XXI.

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Kilkullen es una mezcla rara de ex soldado, académico y consultor. Autor de otros libros igualmente fascinantes tales como The accidental guerrilla y Counterinsurgency, ha servido como asesor del General David H. Petraeus y de la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice durante las guerras recientes de Irak y Afganistán.

La tesis central de su libro Out of the Mountains, gira en torno a una premisa fundamental: los conflictos modernos se librarán cada vez más en ambientes urbanos, costeros y profundamente desiguales (en términos de desarrollo económico).

Será en esos ambientes operacionales (Operational Environment) donde tendrán lugar tanto confrontaciones entre estados (las menos) y entre estados-nación y grupos sub-nacionales irregulares (la mayoría de los casos).

Aquí resumo algunos de los planteamientos principales de Kilkullen:

  1. La urbanización es un proceso irreversible y que avanza de forma exponencial: en 1950, había 83 ciudades en el mundo con más de un millón de habitantes, para 2007, el número llegó a 468. Para 2050, se estima que el 75% de la población mundial vivirá en ciudades.
  2. El fenómeno de la urbanización acelerada tiene su centro de gravedad en el mundo subdesarrollado, donde las presiones socio-económicas a los sistemas políticos provocarán contradicciones violentas: para 2050, la población urbana de Asia se incrementará en 1.7 mil millones de habitantes; la población urbana de África crecerá 0.8 mil millones, mientras que el número para América Latina y el Caribe crecerá en 200 millones. El caso de India es sumamente relevante, pues se calcula que dentro de 20 años aquel país tendrá al menos 6 ciudades más grandes que Nueva York.
  3. El crecimiento urbano acelerado, asentado sobre sistemas económicos precarios será convergente (en algunos casos) con entornos geográficos vulnerables al cambio climático: la capital de Bangladesh, Dhaka, que padece constantes inundaciones con consecuencias sociales y económicas nefastas, vio crecer su población de 400,000 habitantes en 1950 a más de 12 millones tan sólo 12 años después. Hoy en día, no es casualidad que dicha ciudad sea epicentro de confrontaciones violentas entre grupos armados radicales, quienes se pelean por controlar algún pedazo del ya de por sí estresado ambiente urbano.

 

Finalmente, el autor propone una visión sistémica para abordar estos fenómenos desde una óptica de prevención y mitigación del conflicto, basada en la teoría del “metabolismo urbano”.

Dicha teoría, que tiene sus orígenes más sólidos hacia mediados de la década de 1960, ha evolucionado al grado de ofrecer una marco de referencia para entender la violencia urbana como resultado de complejos procesos sistémicos.

En este sentido, las insurgencias urbanas del siglo XXI (de naturaleza terrorista, ideológica o criminal, como es el caso de algunos grupos delictivos en América Latina) deberán ser abordadas como “micro-sistemas biológicos que forman parte de un ecosistema más amplio, donde convergen flujos económicos, sociales, culturales, políticos, naturales, etc”.

Entender esos flujos sistémicos es, según la tesis del autor, fundamental para desarrollar procesos de mitigación de violencias urbanas.

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Ejemplo de un sistema urbano típico en el siglo XXI: el centro socio-político de la ciudad padece el estrés de los flujos descontrolados en las periferias (falta de infraestructura, favelas, pobreza, marginación, desempleo, etc).

 

Traigo a colación la obra de Kilkullen por dos razones principales: por un lado, ofrece una visión diferente y compleja del futuro en la naturaleza del conflicto; por el otro, aborda soluciones que bien pudiesen explorarse para muchos de los procesos de violencia urbana que padecen nuestros países.

Recomiendo ampliamente adentrarse en el libro Out of the Mountains: the coming age of urban guerrilla, y si no se dispone del tiempo suficiente, el autor ofrece una versión más condensada de su análisis: http://www.fletcherforum.org/wp-content/uploads/2012/09/Kilcullen.pdf

Christan J. Ehrlich.

Ley de Seguridad Interior en México: breve análisis y perspectivas

La participación de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad interior no es nueva en México. De hecho, puede decirse que desde al menos la primera mitad del siglo XX, las Fuerzas Armadas han estado involucradas en funciones que, en principio, competen a otros órganos de carácter civil del Estado Mexicano.

En los años cuarenta del siglo pasado, las FFAA participaban activamente en labores de erradicación de cultivos ilícitos; en los años setenta, la Operación Cóndor movilizó a miles de elementos (específicamente del Ejército Mexicano y Fuerza Aérea) para el mismo propósito.

Sin embargo, debe decirse que no fue sino hasta la década de 1990 cuando la intervención de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad interior cobró verdadera relevancia y, con ello, encendió un debate político que aún persiste: cómo contrarrestar amenazas y perturbaciones serias a la paz pública (como la violencia generada por grupos del crimen organizado, sobretodo en su modalidad de tráfico de drogas) con la urgente necesidad de consolidar instituciones civiles de seguridad en el marco de un estado democrático de derecho.

 

En este sentido, a partir de la administración del Presidente Calderón (2006-2012) y a la luz de un incremento sustancial no sólo en la cantidad de personal militar involucrado directamente en funciones de seguridad interior sino también en la calidad de dichas intervenciones (en lo que hace a la definición de estrategias puntuales y priorización de objetivos), se han incrementado las voces que claman por una definición legal específica que regule la intervención de las Fuerzas Armadas en la seguridad interior.

Este reclamo, contrario a lo que ha sucedido en otras latitudes de nuestra región, no sólo ha provenido de especialistas en la materia o de la sociedad civil organizada, sino también de las propias Fuerzas Armadas, urgidas por dotarse de un paraguas que les otorgue certeza jurídica a sus operaciones.

Dentro de esta discusión, pueden encontrarse dos vertientes de propuestas: por un lado, existen iniciativas orientadas a modificar el marco legal existente; por el otro, se encuentran esfuerzos tendientes a crear nuevos instrumentos jurídicos a partir de la experiencia propia e internacional.

Aquellos que han pugnado por modificar el marco legal actual, proponen la adición de nuevos párrafos a la Ley de Seguridad Nacional, lo que en nuestro juicio es totalmente erróneo, pues dicha Ley regula un concepto que es superior al de seguridad interior.

De seguir este camino se estaría contribuyendo a la ya de por sí inmensa confusión conceptual y doctrinal existente en México alrededor de estos conceptos.

Por lo anterior, resulta interesante la propuesta presentada por el Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN) en el Senado de la República, el pasado 13 de septiembre de 2016; misma que se inscribe en la vertiente de crear un nuevo marco legal que aborde de manera integral un fenómeno de extrema complejidad.

En resumen, la propuesta a la que hacemos mención presenta las siguientes características principales:

 

  1. Especifica de manera clara y concisa que la Seguridad Nacional es una condición que se construye y mantiene en base a dos vertientes: la defensa exterior y la seguridad interior.
  1. Por ende, define a la Seguridad Interior como una función del Estado Mexicano que abona a la Seguridad Nacional, tendiente a garantizar el mantenimiento del orden constitucional, el estado de derecho y la gobernabilidad democrática.
  1. Puntualiza los supuestos en los cuales puede considerarse la existencia de una perturbación a la seguridad interior:
  • Infiltración de instituciones de seguridad nacional o pública de los tres niveles de gobierno.
  • Obstaculización de la prestación del servicio de seguridad pública en los estados y municipios por parte de grupos de la delincuencia organizada.
  • Violaciones graves de derechos humanos o delitos de lesa humanidad.
  • Obstaculización de la provisión de programas de apoyo federal.
  • Destrucción o inhabilitación de infraestructura estratégica para la provisión de bienes y servicios (carreteras, puentes, trenes, aeropuertos).

 

  1. Mandata la creación de un Comité de Seguridad Interior. Debemos destacar que esta propuesta considera que dicho Comité debe ser parte del Consejo de Seguridad Nacional ya en funciones, y no una instancia externa que bien pudiera rivalizar con aquel.
  1. Ordena que, dentro del Comité de Seguridad Interior, participe el Presidente de la Comisión Bicameral de Seguridad Nacional, con lo que se asegura un papel relevante del Poder Legislativo en la definición tanto de la Política de Seguridad Interior como de los casos de perturbación a la misma.
  1. Considera que la Declaratoria de Perturbación a la Seguridad Interior ha de establecer claramente el tiempo en que la Fuerzas Armadas habrán de intervenir, así como el espacio geográfico de su actuación.
  1. Otorga al Senado de la República la facultad de declarar por terminada una intervención de las Fuerzas Armadas en casos de perturbación a la seguridad interior.

 

Como puede observarse, la propuesta de ley incluye aspectos novedosos que marcan dos objetivos muy claros: determinar con claridad los casos en los que las FFAA deben intervenir en casos de afectación a la seguridad interior, al tiempo de especificar el teatro de operaciones y la temporalidad de dicha intervención.

Sin embargo, aunque en general la propuesta de ley es positiva, existen algunos vacíos importantes que deben subsanarse:

  1. No especifica qué mecanismos de evaluación habrán de ponerse en práctica para determinar el éxito o fracaso de una intervención.
  1. La propuesta no mandata a los estados y municipios intervenidos la construcción de instituciones de seguridad profesionales y eficaces, durante el tiempo que dure la declaratoria.

 

El último punto es de suma importancia, pues si algo han creado las intervenciones de las FFAA en labores de seguridad interior es eliminar incentivos locales para que las autoridades de estados y alcaldías emprendan serios procesos de institucionalización en sus cuerpos de seguridad.

Como conclusión, puede argumentarse que la actual propuesta va en el camino correcto de crear un andamiaje jurídico nuevo y especial para un fenómeno sumamente complejo.

Sin embargo, a la fecha no se percibe voluntad de los actores políticos para avanzar en esta materia tan relevante, la cual ha tenido al menos dos grandes consecuencias: se ha abusado de la participación de las FFAA en labores de seguridad interior, sin dotarlas de un marco jurídico mínimo; y se ha permitido a los actores locales permanecer en la inacción ante una función que, en principio, les corresponde por naturaleza constitucional.

Esperemos que esta propuesta, con las modificaciones pertinentes, logre el consenso político necesario para entrar en vigor lo antes posible.

Si el estamento político mexicano no ha entendido la complejidad de la crisis de seguridad que vivimos, donde las amenazas ágiles, adaptativas y cambiantes demandan una respuesta igualmente integral, no ha entendido nada.

Reflexiones en materia de seguridad nacional: retos constantes y evolutivos

 

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Elementos de Infantería de Marina en labores de seguridad pública. La Armada de México ha jugado un papel determinante en la contención de organizaciones criminales en algunas regiones de México.

 

Este texto marca el reinicio de actividades de este blog después de permanecer inactivo por 4 años. En 2012, en el ocaso de la administración del entonces presidente Felipe Calderón, la situación de violencia relacionada con el crimen organizado tenía ya tiempo de ocupar el primer lugar en las preocupaciones de los mexicanos.

Para entonces, mucho se había escrito sobre la evolución del fenómeno de violencia en nuestro país e incluso algunos analistas respetados ya hablaban de una “epidemia de violencia”, a la luz del crecimiento exponencial de los homicidios dolosos en aquellos años.

Para muestra de ello, baste recordar que la tasa de homicidios en México había bajado de 20 asesinatos por cada 100 mil habitantes en 1990, a tan solo 8 en 2007; mientras que para 2011 el mismo indicador daba cuenta de 24 homicidios por igual número de personas. Sin duda, un incremento por demás atípico.

Justo en esa época, en medio del debate sobre qué estrategia nacional debía emprenderse para afrontar tan difícil fenómeno, publiqué un texto (2010) denominado “The missing link”. En el mismo, comentaba que cualquier estrategia de contención y control del crimen organizado ligado al narcotráfico, requeriría de la efectiva articulación de las fuerzas de seguridad del Estado en sus tres niveles: la primera etapa, enfocada en detener la libre circulación de grupos criminales y su capacidad de hacerse con el control de zonas específicas del territorio nacional, estaría a cargo (de manera temporal) de las Fuerzas Armadas y la naciente Policía Federal. La idea era contener un problema de seguridad nacional y regresarlo a la esfera de la seguridad pública.

La segunda etapa, decíamos entonces, implicaría que las policías estatales y municipales se sometieran a un profundo proceso de transformación (no solamente de depuración) para, una vez contenido el problema, avanzar a la fase de control territorial con medios –sobretodo- policiales y mínimamente militares.

La tercera fase, que la literatura de análisis de procesos de recuperación territorial denomina “construcción”, se abocaría a la creación de instituciones político-sociales sostenibles en aquellas zonas donde el crimen organizado había jugado el papel de Estado fáctico.

Para llegar a esta tercera fase, sin embargo, debían haberse consolidado tanto el proceso de contención (militar) como el de control territorial (a cargo de policías locales eficientes y transformadas).

Como es sabido, a 4 años de la llegada de una nueva administración federal, poco o nada ha cambiado: la violencia han regresado a los niveles de 2012, y las Fuerzas Armadas siguen desplegadas en sendos operativos de contención, sin que exista aun un modelo nacional de transformación policial que permita avanzar a una fase posterior de control; mucho menos de construcción.

En 2016, en lo que hace a la situación de seguridad al interior de nuestras fronteras,  y a la luz de la experiencia vivida en la actual administración, puede resumirse que:

  1. Las Fuerzas Armadas siguen siendo la única institución con cierta capacidad logística, moral y material para desplegar operaciones de contención de grupos del crimen organizado.
  1. Sin embargo, la actuación de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública, que originalmente tenía el carácter de temporal, dejó de serlo: no existe una estrategia definida para que las FFAA regresen a la labor que naturalmente les compete: la defensa exterior de la nación.
  1. A pesar de los esfuerzos provenientes del estamento militar de avanzar en una legislación que establezca con claridad los límites y alcances de la intervención de las FFAA en labores de seguridad interior y seguridad pública (que no es lo mismo); no ha existido voluntad política real –ni en la Administración Federal ni el Congreso- para consolidarlo.
  1. Si bien algunas policías estatales y municipales realizaron importantes esfuerzos de depuración y profesionalización, lo cierto es que la gran mayoría de los cuerpos policiales del país operan sin un modelo definido, carecen de equipo y preparación mínimos, y adolecen de controles internos y externos efectivos. No existe, entonces, un modelo nacional policial definido.
  1. La intervención de las Fuerzas Armadas y en menor medida de la Policía Federal, provocó un proceso de atomización de los cárteles del narcotráfico en una buena cantidad de organizaciones mucho más pequeñas. Si bien estas organizaciones carecen de la movilidad logística y territorial de sus antecesoras, lo cierto es que suelen ser más violentas, evolutivas y adaptativas. Hablamos entonces de una profundización en el carácter asimétrico del conflicto, fenómeno de una enorme complejidad que exige un enfoque estratégico, operacional y táctico mucho más integral.

 

A los puntos anteriores, habría que agregar la persistencia de fenómenos socio-organizativos cuya naturaleza representa una amenaza a la seguridad nacional: guerrillas y grupos radicales que operan en regiones del país donde hay carencia de instituciones estatales, incluso en zonas donde sus actividades coinciden con expresiones del crimen organizado.

En estados como Guerrero, Michoacán y Oaxaca, las guerrillas con raíces históricas rurales cruzan la frontera de sus reclamos tradicionales y convergen con actividades ilícitas que nada tienen que ver con sus fundamentos ideológicos.

Como puede observarse, los retos en materia de seguridad que enfrentaba el país hacia fines de la administración pasada (2012) se tornan más complejos, sobretodo a la luz de dos fenómenos que bien pudieran resumir los puntos anteriores: mientras que los grupos del crimen organizado (particularmente aquellos ligados al narcotráfico) han evolucionado, la estrategia nacional para enfrentarlos se ha estancado.

En este contexto, hemos decidido relanzar este espacio de discusión. Lo hacemos porque pensamos que los retos en materia de seguridad nacional siguen vigentes y evolucionan a un ritmo que reclama un análisis constante y profundo, pero también ágil y puntual.

En las próximas publicaciones abordaremos temáticas relativas a la seguridad nacional y defensa, que enumero en mayúsculas por su importancia: Amenazas y Riesgos a la Seguridad Nacional, Política de Defensa, Análisis de Adquisiciones y Empleo, Sistema Nacional de Inteligencia, entre otros.

Sirva este espacio pues, para abonar a la Cultura de Seguridad Nacional.

Retomando actividades en 2016

Después de mantener inactivo este blog por más de 4 años, hemos decidido retomarlo para ofrecer un espacio de discusión e información sobre temas de seguridad nacional y defensa en México.

Las opiniones aquí vertidas no buscan otro objetivo que el de aportar ideas a un debate necesario que obliga a la reflexión.

El lector verá que las publicaciones “debajo” de esta entrada, datan de 2012 o de años antes, justo cuando México vivía un proceso de violencia extrema que despertó el debate sobre temas de seguridad y defensa como nunca antes.

A partir de esta entrada, las publicaciones abordarán, más que informaciones específicas del sector, algunos análisis breves que arrojen perspectivas interesantes para el abordaje de estas temáticas vitales a cualquier estado democrático.

 

Hawker Beechcraft confirms T6C+ Texan II for the Mexican Air Force

As we previously announced some weeks ago, Hawker Beechcraft has confirmed that the Mexican Air Force acquired at least six T6C+ Texan II Advanced Training aircraft to replace the aging Pilatus PC-7 fleet.

This is the company’s official statement:

Hawker Beechcraft Signs Contract with Mexican Air Force for Six T-6C+ Trainers

WICHITA, Kan. (Jan. 9, 2012) – Hawker Beechcraft Defense Company (HBDC) today announced the first sale of its new Beechcraft T-6C+ military trainer to the Mexican Air Force (FAM). The T-6C+, an enhanced version of the T-6 military trainer aircraft, is capable of carrying external stores and delivering practice weapons for training purposes. The first two of six contracted FAM T-6C+ aircraft will be delivered to an advanced training base in Mexico’s northern region in early 2012. The new T-6C+ trainers will replace the FAM’s aging PC-7 fleet.

“We look forward to providing the Mexican Air Force with the highly effective, ultra-reliable and low-maintenance Beechcraft T-6C+,” said Jim Maslowski, president, HBDC. “We see this sale of six aircraft as just the beginning of a long and productive relationship with the FAM.”

The T-6C+ features hard-point wings, Heads-Up Display, Up-Front Control Panel, an integrated glass cockpit and an advanced Esterline CMC Cockpit 4000 avionics suite that greatly expands advanced training opportunities. The systems are integrated with a Hands-On Throttle and Stick (HOTAS), providing the student pilot and instructor with a simpler interface to the digital cockpit. The CMC Cockpit 4000 avionics suite is the first in its class to incorporate a fully integrated and FAA-certified dual FMS/GPS navigation suite that meets the required navigation performance standards for current worldwide airspace equipment. The open architecture design of the Cockpit 4000 provides the flexibility to expand capabilities and continuously meet current and future training needs.

In addition to accommodating instruction in instrument flight procedures and basic aerial maneuvers, the T-6 delivers world-class training capability that is appropriate for teaching the most basic introductory flight training tasks through the more challenging and complex advanced training missions that could previously be accomplished only in far more expensive jet aircraft.

Deliveries of the T-6 began in 2000 after the aircraft was initially selected to fill the Joint Primary Aircraft Training System role for the U.S. Air Force and the U.S. Navy. Since then, additional military programs worldwide, including NATO Flying Training in Canada, the Hellenic Air Force of Greece, the Israeli Air Force, the Iraqi Air Force and the Royal Moroccan Air Force, have chosen the T-6 and its derivatives as their primary trainers. To date, the T-6 has been used to train pilots, navigators, and weapons systems operators from approximately 20 different countries.

Hawker Beechcraft is a world-leading manufacturer of business, special mission, light attack and trainer aircraft – designing, marketing and supporting aviation products and services for businesses, governments and individuals worldwide. The company’s headquarters and major facilities are located in Wichita, Kan., with operations in Salina, Kan.; Little Rock, Ark.; Chester, England, U.K.; and Chihuahua, Mexico. The company leads the industry with a global network of more than 100 factory-owned and authorized service centers. For more information, visit www.hawkerbeechcraft.com.

Texan II Cockpit

ADDENDUM:

MXSECURITY learned that the Mexican Air Force bought an initial batch of ten T6C+ Texan II and that more orders will come in the near term. We don’t know why Hawker Beechcraft is talking of six planes.

Another CN-235 Persuader for the Mexican Navy (eight are coming)

The Mexican Navy received the first CN-235  Persuader Maritime Surveillance aircraft under the Merida Initiative counter-narcotics program.

Airbus Military Copyright (Photo link: http://www.eadsnorthamerica.com/)

This is the first of four Persuaders donated by the US Government to Mexico. The remaining three aircraft will be delivered over the first half of 2012.

These Persuaders should NOT be confused with those purchased directly by the Mexican Navy (a total of four) over the past years.

The Persuaders’ information-management system is the FITS (Fully Integrated Tactical System). The same system is already in use onboard six CASA C-212 Maritime Surveillance aircraft of the Mexican Navy.

Fully Integrated Tactical System FITS (Photo: http://www.airbusmilitary.com/Surveillance/CN235Persuader.aspx)

Airbus Military official statement:

16th November 2011

Mexico takes delivery of its first Airbus Military CN235 MPA ordered under the Mérida Initiative

The Mexican Navy has taken delivery of the first of four CN235 Maritime Patrol Aircraft (MPA) ordered from Airbus Military through a contract with EADS North America under the Mérida Initiative, a joint program between the Government of the United States of America and the Government of Mexico. The remaining three aircraft will be delivered in the first half of 2012.

This CN235 in MPA configuration incorporates the latest technology developed for surveillance over the sea. The combination of the Forward Looking Infra Red (FLIR) system and a Search Radar allows this aircraft to locate and track ships to conduct thorough patrols of a coastline. The Automatic Identification System (AIS) and the Fully Integrated Tactical System (FITS) help make this aircraft the ideal tool to carry out military surveillance missions for the Mexican Navy. The FITS was entirely developed by Airbus Military and ensures that the extensive data gathered by the aircraft’s on-board sensors can be easily used by the crew to execute their mission.

“It is an honor that the Mexican Navy is taking delivery of this Airbus Military CN235 MPA for its fleet. We are looking forward to the upcoming entry into service of this highly versatile aircraft that is ideal to help enforce law on the Mexican coastline”, says Airbus Military Head of Programmes, Rafael Tentor.

Including this latest delivery, the Mexican Navy already operates three CN235, which are to be added to the two CN235 operated by the Mexican federal police. The Mexican Air Force and Navy also operate nine C295 and six C212 aircraft.

To date, Airbus Military has sold 211 CN235 to 32 different operators in 20 countries all over the world.”