Reflexiones en materia de seguridad nacional: retos constantes y evolutivos

 

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Elementos de Infantería de Marina en labores de seguridad pública. La Armada de México ha jugado un papel determinante en la contención de organizaciones criminales en algunas regiones de México.

 

Este texto marca el reinicio de actividades de este blog después de permanecer inactivo por 4 años. En 2012, en el ocaso de la administración del entonces presidente Felipe Calderón, la situación de violencia relacionada con el crimen organizado tenía ya tiempo de ocupar el primer lugar en las preocupaciones de los mexicanos.

Para entonces, mucho se había escrito sobre la evolución del fenómeno de violencia en nuestro país e incluso algunos analistas respetados ya hablaban de una “epidemia de violencia”, a la luz del crecimiento exponencial de los homicidios dolosos en aquellos años.

Para muestra de ello, baste recordar que la tasa de homicidios en México había bajado de 20 asesinatos por cada 100 mil habitantes en 1990, a tan solo 8 en 2007; mientras que para 2011 el mismo indicador daba cuenta de 24 homicidios por igual número de personas. Sin duda, un incremento por demás atípico.

Justo en esa época, en medio del debate sobre qué estrategia nacional debía emprenderse para afrontar tan difícil fenómeno, publiqué un texto (2010) denominado “The missing link”. En el mismo, comentaba que cualquier estrategia de contención y control del crimen organizado ligado al narcotráfico, requeriría de la efectiva articulación de las fuerzas de seguridad del Estado en sus tres niveles: la primera etapa, enfocada en detener la libre circulación de grupos criminales y su capacidad de hacerse con el control de zonas específicas del territorio nacional, estaría a cargo (de manera temporal) de las Fuerzas Armadas y la naciente Policía Federal. La idea era contener un problema de seguridad nacional y regresarlo a la esfera de la seguridad pública.

La segunda etapa, decíamos entonces, implicaría que las policías estatales y municipales se sometieran a un profundo proceso de transformación (no solamente de depuración) para, una vez contenido el problema, avanzar a la fase de control territorial con medios –sobretodo- policiales y mínimamente militares.

La tercera fase, que la literatura de análisis de procesos de recuperación territorial denomina “construcción”, se abocaría a la creación de instituciones político-sociales sostenibles en aquellas zonas donde el crimen organizado había jugado el papel de Estado fáctico.

Para llegar a esta tercera fase, sin embargo, debían haberse consolidado tanto el proceso de contención (militar) como el de control territorial (a cargo de policías locales eficientes y transformadas).

Como es sabido, a 4 años de la llegada de una nueva administración federal, poco o nada ha cambiado: la violencia han regresado a los niveles de 2012, y las Fuerzas Armadas siguen desplegadas en sendos operativos de contención, sin que exista aun un modelo nacional de transformación policial que permita avanzar a una fase posterior de control; mucho menos de construcción.

En 2016, en lo que hace a la situación de seguridad al interior de nuestras fronteras,  y a la luz de la experiencia vivida en la actual administración, puede resumirse que:

  1. Las Fuerzas Armadas siguen siendo la única institución con cierta capacidad logística, moral y material para desplegar operaciones de contención de grupos del crimen organizado.
  1. Sin embargo, la actuación de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública, que originalmente tenía el carácter de temporal, dejó de serlo: no existe una estrategia definida para que las FFAA regresen a la labor que naturalmente les compete: la defensa exterior de la nación.
  1. A pesar de los esfuerzos provenientes del estamento militar de avanzar en una legislación que establezca con claridad los límites y alcances de la intervención de las FFAA en labores de seguridad interior y seguridad pública (que no es lo mismo); no ha existido voluntad política real –ni en la Administración Federal ni el Congreso- para consolidarlo.
  1. Si bien algunas policías estatales y municipales realizaron importantes esfuerzos de depuración y profesionalización, lo cierto es que la gran mayoría de los cuerpos policiales del país operan sin un modelo definido, carecen de equipo y preparación mínimos, y adolecen de controles internos y externos efectivos. No existe, entonces, un modelo nacional policial definido.
  1. La intervención de las Fuerzas Armadas y en menor medida de la Policía Federal, provocó un proceso de atomización de los cárteles del narcotráfico en una buena cantidad de organizaciones mucho más pequeñas. Si bien estas organizaciones carecen de la movilidad logística y territorial de sus antecesoras, lo cierto es que suelen ser más violentas, evolutivas y adaptativas. Hablamos entonces de una profundización en el carácter asimétrico del conflicto, fenómeno de una enorme complejidad que exige un enfoque estratégico, operacional y táctico mucho más integral.

 

A los puntos anteriores, habría que agregar la persistencia de fenómenos socio-organizativos cuya naturaleza representa una amenaza a la seguridad nacional: guerrillas y grupos radicales que operan en regiones del país donde hay carencia de instituciones estatales, incluso en zonas donde sus actividades coinciden con expresiones del crimen organizado.

En estados como Guerrero, Michoacán y Oaxaca, las guerrillas con raíces históricas rurales cruzan la frontera de sus reclamos tradicionales y convergen con actividades ilícitas que nada tienen que ver con sus fundamentos ideológicos.

Como puede observarse, los retos en materia de seguridad que enfrentaba el país hacia fines de la administración pasada (2012) se tornan más complejos, sobretodo a la luz de dos fenómenos que bien pudieran resumir los puntos anteriores: mientras que los grupos del crimen organizado (particularmente aquellos ligados al narcotráfico) han evolucionado, la estrategia nacional para enfrentarlos se ha estancado.

En este contexto, hemos decidido relanzar este espacio de discusión. Lo hacemos porque pensamos que los retos en materia de seguridad nacional siguen vigentes y evolucionan a un ritmo que reclama un análisis constante y profundo, pero también ágil y puntual.

En las próximas publicaciones abordaremos temáticas relativas a la seguridad nacional y defensa, que enumero en mayúsculas por su importancia: Amenazas y Riesgos a la Seguridad Nacional, Política de Defensa, Análisis de Adquisiciones y Empleo, Sistema Nacional de Inteligencia, entre otros.

Sirva este espacio pues, para abonar a la Cultura de Seguridad Nacional.

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