Construyendo entornos de seguridad resilientes

Pluma invitada:

Khublai Villafuerte, Consultor Senior en Riskop y maestro en prospectiva estratégica

Puede seguirlo en Twitter como: @Khu_89

 

Las FFAA han sido punta de lanza para las estrategias de recuperación territorial en México. Ya sea en los estados de Michoacán, Tamaulipas o Nuevo León, se les ha encomendado la tarea de retomar regiones, ciudades e incluso estados donde el crimen organizado, por la escala y alcance de sus actividades, adquirió características más similares a las de una insurgencia, infiltrando y acaparando espacios en las estructuras económicas, sociales, políticas y de seguridad.

Hoy, precisamente cuando se discute en el estamento político la necesidad de regular (lo que ello signifique) la actuación de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad interior, entender la complejidad de los procesos de recuperación territorial es vital.

Tanto la Marina como el Ejercito Mexicano han logrado en mayor o menor medida contener y controlar a estos grupos, atomizando a los grandes carteles. Esto dio pie a la creación de bandas criminales y nuevos grupos de menor tamaño y mayor movilidad, como es el caso del Cartel Jalisco Nueva Generación que progresivamente ha ocupado las plazas dejadas por Los Caballeros Templarios en Michoacán. A su vez, pandillas o escisiones de los otrora grandes carteles han intentado (y logrado) retomar espacios estratégicos como el Puerto de Lázaro Cárdenas, zonas dentro del Área Metropolitana de Monterrey o algunas ciudades de la frontera norte.

A pesar de este escenario, seria un error decir que los operativos pasados fueron de poca utilidad ya que cumplieron con el objetivo de debilitar y disruptir la estructura y actividades de los grupos criminales. Sin embargo, las zonas donde operaron se volvieron dependientes de las FFAA y nunca se articularon instituciones de seguridad sólidas ni se atacaron las causas que propiciaron el surgimiento y fortalecimiento de grupos criminales.

En un principio, se lograron contener y controlar los efectos del crimen organizado, sin preocuparse de construir un entorno de seguridad resiliente, que pudiera, en largo plazo, impedir, neutralizar o minimizar los efectos de una más que posible reaparición de este tipo de agrupaciones. Sin una estrategia robusta y multidisciplinaria que capitalice los esfuerzos de las FFAA, se falla en atender el origen del problema.

El reto no es menor y para entender la complejidad del fenómeno se presenta el siguiente diagrama de relaciones causales:

entorno-resiliente-1

 

Una estrategia orientada solamente a debilitar los efectos de movimientos insurgentes o criminales -la inseguridad- falla en implementar una solución de largo plazo ya que no atiende las condiciones socioeconómicas que propician su aparición. De esta forma, la única arma con la que cuenta el Estado es un recurso limitado: la incursión de las fuerzas armadas (en operaciones con características de contra-insurgencia). Si bien estas generan un estado de relativa paz y seguridad mediata, en el mediano y largo plazo las FFAA están destinadas a retirarse, ya sea porque se les requiere en otras zonas con niveles de violencia mayores o por falta de recursos. Sin estas se genera un vacío institucional que propicia el regreso del sistema a la condición inicial: violencia generalizada, instituciones infiltradas y una sociedad alienada.

Para evitar esto y generar un entorno resiliente es necesario capitalizar las operaciones contra los grupos criminales ya que el estado de paz y seguridad propicia: 1) La recuperación de la legitimidad del aparato estatal y mejora de su imagen ante círculos estratégicos de la sociedad (ONGs, academia y empresarios); 2) Un mayor apoyo de la población hacia el Estado (a partir de los anterior) y; 3)  un margen de maniobra para incluir otras instituciones y sectores de la sociedad tradicionalmente apartados del proceso de política pública.

Una vez que se cuente con estas condiciones se puede establecer una estrategia de recuperación del territorio, donde diversas instituciones gubernamentales (no sólo de seguridad) y de la sociedad civil intervengan en temas de desarrollo económico, urbanismo, violencia intrafamiliar o incluso cuestiones de salud como la depresión. Es necesario recordar que los grupos criminales han logrado fortalecerse sobre todo en lugares donde el acceso a condiciones de legalidad, formalidad y educación no son una opción viable, atractiva o simplemente, no existen; atenderlas es, por lo tanto, la única forma de evitar su reaparición.

entorno resilient2 .png

 

Así pues, se pasa de tener una estrategia cortoplacista que sólo contiene y controla a los grupos criminales, a una de largo plazo, que recupera efectivamente la colonia, la ciudad o la región y permite que se creen en él condiciones propicias al desarrollo individual, comunitario y social. Sólo de esta forma es que se logrará atacar la causa raíz detrás del surgimiento de movimientos cuasi-insurgentes que acaparan las estructuras de una sociedad, sólo así se dejaría de depender de las incursiones esporádicas del ejercito y la marina, sólo así crearemos un modelo de sociedad sostenible y resiliente a los embates de quienes no comparten una agenda y lógica de consenso y progreso.

Se recomienda:

John D. Sternman . (2000). Business Dynamics: Systems Thinking and Modeling for a Complex World. Boston: MassachusettsInstitute of Technology Sloan School of Management.

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