De la naturaleza de la guerra: una breve aproximación histórica

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Christian J. Ehrlich

El conflicto es parte de la naturaleza del hombre.

Diversos estudios dan cuenta que, desde la antigüedad, son constantes los enfrentamientos y divergencias entre personas, grupos sociales, pueblos, naciones y, a partir del mundo moderno, entre Estados-Nación.

“El hombre es el lobo del hombre”, decía Thomas Hobbes en el siglo XVII, popularizando una frase que, para entonces, había existido en el conocimiento popular occidental por más de mil años.

Sin embargo, el estudio del conflicto o de la guerra de manera concienzuda y sistemática tuvo un impulso decisivo a partir de las obras de importantes pensadores como Antoine-Henri Jomini y Karl von Clausewitz, a principios del siglo XIX.

Puede argumentarse que este impulso se debió a dos hechos profundamente trascendentales que habían tenido lugar poco más de un siglo atrás y que para entonces comenzaban a estudiarse a profundidad: el “nacimiento” del Estado-Nación moderno tras los acuerdos de Westfalia en 1648 (que puso fin a la Guerra de los 30 Años) y al uso de todos los recursos nacionales que movilizó el general francés Napoleón hacia fines del siglo XVIII y principios del XIX, como no se había visto en toda la era moderna.

En este sentido, Jomini y Clausewitz lograron darle al conflicto o guerra un valor conceptual –incluso académico- que para entonces no había tenido, con la posible salvedad de los tratados militares orientales.

A partir de ahí, el análisis de la guerra fue involucrando nuevos elementos, de la mano de la propia evolución de la naturaleza del conflicto y de los diversos avances tecnológicos que obligaron a repensar, una y otra vez, conceptos tales como guerra total, guerra limitada, incertidumbre, estrategia y táctica, entre otros.

Durante la primera mitad del siglo XX, la Gran Guerra (1914-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fueron testigo de la puesta en práctica de muchos de estos conceptos.

Así, la crueldad de los campos de batalla europeos de la Primera Guerra, producto de la inmovilidad de las fuerzas, atascadas por meses en trincheras kilométricas convertidas en campos de muerte, obligó a los estudiosos de la guerra a cuestionar el concepto de Guerra Total y acuñar el de Guerra Limitada.

Sir Basil Liddell Hart fue el máximo exponente de este replanteamiento, sentando las bases de nuevos conceptos teórico-estratégicos que se verían, tan sólo unos años después, nuevamente testados a la luz de la Segunda Guerra Mundial.

El salto tecnológico que significó el uso intensivo de la aviación y los avances en materia de blindados, le dieron a la guerra (y al estudio de ésta) un significado más ágil y cambiante.

A lo anterior, habría que sumar el papel decisivo que significó la llegada de la era nuclear en los años 1940s, lo que complejizó aún más el entendimiento de la guerra y sus dos más grandes cuestionamientos: cuál es su naturaleza y cuál es su propósito.

Entre 1914 y 1945, el conflicto entre países había evolucionado enormemente. De la inmovilidad de la Gran Guerra se pasó a la guerra relámpago propia de la Segunda Guerra. Y de la rapidez de la maniobra y el uso de armas combinadas entre aliados y potencias del Eje se pasó, en 1945, a la amenaza de destrucción total producto de las armas nucleares.

Si la guerra busca obligar al contrario a asumir posiciones por la fuerza, la amenaza de destrucción total que sobrevendría a un enfrenamiento nuclear destruía la propia naturaleza de la guerra, al menos a los ojos de los teóricos.

Los pensadores se preguntarían, entonces, ¿para qué sirve la guerra si, al final, la destrucción total impacta por igual al más fuerte? ¿Hay acaso una estrategia válida que justifique la guerra nuclear, cuando ésta terminará por destruirlo todo?

Sin embargo, y como si estas transformaciones hubiesen sido poco, la naturaleza de la guerra y su estudio se enfrentarían –hacia la segunda mitad del siglo XX- a la más importante de sus evoluciones: el conflicto entre Estados-Nación iría reduciéndose al mínimo, casi hasta desaparecer, dando mayor relevancia a los conflictos intra-estatales.

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Conflictos anuales desde 1950 a la fecha. El color azul representa a los conflictos convencionales entre Estados-Nación. Fuente: Our World in Data

Los horrores de la Primera y Segunda guerra mundiales, aunados a la amenaza nuclear, crearon fuertes incentivos para que los países evitaran a toda costa el conflicto bélico. La rivalidad entre naciones pudo dirimirse ahora en las instancias internacionales, alejando la amenaza de un nuevo enfrentamiento mundial a gran escala.

De hecho, algunos académicos consideran que a partir de la década de 1950, el estudio de la estrategia y de la guerra entraron en una fase de impasse, y no fue sino hasta fines de la década de 1980 y principios de la década de 1990, que la caída de la Unión Soviética dio un renovado impulso a este campo del pensamiento.

Surgen entonces algunos planteamientos que intentan dar sentido al estudio de la guerra, a la luz de las “nuevas” formas de conflicto. Se comenzó a hablar entonces de las guerras irregulares, guerras de cuarta generación y guerras híbridas.

Arquilla, Ronfeldt, y otros pusieron el dedo en la llaga cuando argumentaron que la guerra seguía teniendo la misma naturaleza general, pero había experimentado nuevos cauces y matices. Vendrían ahora guerras basadas en redes y “enjambres”, decían.

Al día de hoy, el estudio de los llamados conflictos de cuarta generación se aboca a entender precisamente estos matices, pero pareciera que hemos caído nuevamente en un impasse estratégico: seguimos sin ponernos de acuerdo sobre cuál será la naturaleza de la guerra hacia bien entrado el siglo XXI.

¿Volverán los enfrentamientos entre países, a la luz de la creciente rivalidad entre China y EEUU? ¿Seguirá la tendencia de conflictos irregulares, solo que ahora con mayores posibilidades de éxito para las insurgencias modernas, adaptativas?

En una de esas, la guerra vuelve a sus orígenes históricos: de las grandes conflagraciones entre países, o entre países y grupos subnacionales…. ¿pasaremos de nuevo al conflicto entre personas (empoderadas, independientes, tecnológicamente avanzadas)?

Dicen que la historia es cíclica, quizás la naturaleza de la guerra también.

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