Infraestructura Energética y Vulnerabilidades Críticas: la importancia del entorno operacional

Cuando se planteó el Programa de Seguridad Nacional 2014-2018 en México [un ejercicio doctrinal sin precedentes] se abordó el concepto de Seguridad Nacional desde una perspectiva multidimensional, lo que permitió incluir aspectos diversos que habían estado fuera de las concepciones más tradicionales en la materia.

Uno de esos aspectos, que recibe una fuerte mención en el Programa, tiene que ver con la transformación del sector energético global y su impacto en la seguridad energética de nuestro país.

En este sentido, el Programa estableció que México habría de hacer frente a un escenario mundial energético cambiante, donde uno de sus aspectos más relevantes va de la mano de la consolidación de EEUU como potencia exportadora tanto de petróleo y sus derivados como de gas natural.

México, cuya matriz energética depende en gran medida de la provisión de energéticos importados precisamente de EEUU (destaca el gas natural, vital para la generación de electricidad y motor de la planta industrial del país), tendría que enfrascarse en una transformación de su sector energético precisamente para reducir esa vulnerabilidad estratégica.

De tal suerte que, en consonancia con el Programa de Seguridad Nacional, se definió la Estrategia Nacional de Energía 2014-2028, donde se plantea (quizás de manera muy general) como uno de los objetivos a largo plazo la “autonomía energética de México”.

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Así, la Estrategia Nacional de Energía planteó como prioridad el aprovechamiento de la recientemente aprobada Reforma Energética (2013) para acelerar inversiones públicas y privadas que diversificaran las opciones de provisión y transformación de energía; en pocas palabras, se busca detonar proyectos de infraestructura que, en un horizonte de 15 años aproximadamente, le permitan al país contar con una mejor seguridad energética de cara al futuro.

Si tomamos en cuenta que el concepto de seguridad energética se refiere al aseguramiento de recursos energéticos para consumo doméstico e industrial, a precios accesibles y sin detrimento de las generaciones futuras (sostenibilidad), el modelo de seguridad energética mexicano necesitaría de un influjo de capital sin precedente para proyectos tales como:

  1. Exploración y producción de petrolíferos, antes sólo en manos del Estado
  2. Transporte de petróleo y sus derivados, y de gas natural
  3. Generación de electricidad con gas natural, energía eólica, solar o geotérmica

 

Estos proyectos, tanto públicos como privados, sucederían bajo nuevas reglas de operación, todas enfocadas al cumplimiento de los objetivos estratégicos planteados con anterioridad.

Sin embargo, tanto el Programa de Seguridad Nacional como la Estrategia Nacional de Energía se enfrentan ahora con su aplicación a la realidad, y es ahí donde el escenario social, político y de seguridad presentan un reto formidable para cumplir con dichos objetivos.

Dicho de otra forma, si se requiere cumplir con lo expresado en el Programa de Seguridad Nacional y la Estrategia Nacional de Energía en cuanto a seguridad energética, los proyectos de infraestructura en la materia deberán aterrizarse en medio de un entorno complejo, evolutivo y sumamente demandante.

¿Pero cómo puede entenderse ese entorno de manera efectiva? ¿cómo pueden preverse mecanismos que reduzcan los riesgos para dichos proyectos y permitan cumplir los objetivos? ¿qué factores mínimos deben considerarse al momento de hacer un “assessment de entorno”?

Aquí comparto algunas reflexiones.

 

La importancia del entorno operacional

En los últimos años, he tenido la oportunidad de apoyar el desarrollo de proyectos de infraestructura energética vitales para nuestro país.

En ello, he sido testigo de la enorme complejidad que conlleva diseñar, construir y poner en operación proyectos de gran magnitud, algunos de los cuales rebasan los cientos de millones de dólares y significan un impacto en la vida de regiones enteras hacia muy entrado el futuro.

Sin embargo, la complejidad técnica de estos proyectos palidece frente a factores externos del entorno, aquellos definidos por variables sociales, políticas y de seguridad que, en muchos de los casos, terminan por hacer fracasar –o al menos frenar- las inversiones.

La complejidad del entorno operacional es, a todas luces, el mayor reto para la sostenibilidad de los proyectos energéticos, no importando si su naturaleza es pública o privada.

Pero qué entendemos por entorno operacional: se trata del conjunto de condiciones externas objetivas (físicas) y subjetivas (cultura, tradiciones) que impactan directa o indirectamente en la sostenibilidad de las operaciones.

De tal suerte que, idealmente desde el proceso de planeación, todo proyecto de infraestructura energética debe definir y entender con claridad la naturaleza del entorno, los impactos posibles del mismo sobre la operación (escenarios) y la interacción de los actores involucrados con dicho entorno.

Existen diversas herramientas metodológicas para identificar y ponderar correctamente el entorno, pero todas deben tomar en cuenta al menos los siguientes elementos:

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Más no basta con identificar los factores anteriormente mencionados, sino que éstos deben ser entendidos como parte de un sistema evolutivo y cambiante; uno donde convergen todas las variables y cuya interacción produce un resultado que impacta en la sostenibilidad del proyecto.

El siguiente recuadro ejemplifica precisamente lo anterior, pues se trata de la modelación sistémica del entorno que rodea un proyecto energético real.

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Sistema de entorno operacional de un proyecto energético tipo

 

El sistema permite identificar variables de causa-efecto, todas ellas alrededor del elemento central en cuestión, definido en este mapa como “viabilidad del proyecto”.

Como puede observarse, se han tomado en consideración variables sociales, políticas y de seguridad previamente identificadas en el assessment de entorno.

El siguiente paso es quizás el más importante, pues consiste en agrupar aquellas variables de acuerdo a la naturaleza de su origen, lo que permite determinar cuáles revisten de carácter estratégico y qué curso de acción habrá de definirse para incidir positivamente en el éxito del proyecto.

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Agrupación de variables por su naturaleza y ámbito de actuación. Identificación de Centro de Gravedad del Sistema.

 

Este último recuadro muestra los dos ámbitos de actuación para cada grupo de variables (Gestión de Riesgos y Gestión Social), además de la variable principal de todo el sistema de entorno, que funge como centro de gravedad del mismo: “recursos financieros del grupo disruptivo”.

 

Reflexiones finales

El correcto entendimiento del entorno es, como se ha dicho con anterioridad, un proceso de suma importancia para asegurar la sostenibilidad de los proyectos energéticos, enfrascados en entornos complejos que, de no atenderse oportunamente, presentan un riesgo latente para el cumplimiento de los objetivos.

En este sentido, si México se plantea seriamente avanzar en materia de seguridad energética (como parte fundamental de su estrategia de seguridad nacional), lo cierto es que no bastará con impulsar cuantiosas inversiones en el sector, mientras no se valore el papel que juega el entorno socio-político en materializar dichas inversiones.

 

Se recomienda:

Chanona, Alejandro. Confrontando modelos de seguridad energética. UNAM 2013.

 

 

 

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